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Carta de presentación: ejemplo, estructura y cómo escribirla

La carta de presentación es el documento peor entendido de la candidatura: la mitad de los candidatos la omite y la otra mitad resume su currículum en ella. Una buena carta hace algo distinto: explica por qué te presentas precisamente a esa empresa y por qué la relación tiene sentido para ambas partes. Aquí verás cuándo se espera en España, cómo estructurarla en cuatro párrafos y cómo empezar sin caer en fórmulas gastadas.

Para qué sirve y cuándo se espera en España

El currículum responde a «qué has hecho»; la carta responde a «por qué aquí y por qué ahora»: la conexión entre tu experiencia y ese puesto concreto, que ninguna lista de cargos puede hacer por ti. Por eso la regla número uno es que la carta no repite el CV: toma uno o dos de tus mejores resultados y los conecta con lo que la empresa busca.

En España la carta ya no se adjunta por sistema a cada candidatura, pero sigue esperándose en varios contextos: cuando la oferta la pide expresamente, en candidaturas espontáneas (ahí es tu única voz), en procesos con mucha competencia donde necesitas diferenciarte, y en sectores donde la comunicación escrita pesa —consultoría, comunicación, docencia, ONG—. En los formularios de los portales de empleo, el campo «mensaje» o «carta» cumple la misma función en versión breve: no lo dejes vacío si el puesto te importa.

La estructura moderna: cuatro párrafos que funcionan

La estructura probada de la carta de presentación cabe en cuatro párrafos breves:

  • Apertura: a qué puesto te presentas y una frase que demuestre que sabes qué hace la empresa;
  • Por qué tú: tu resultado relevante más fuerte, contado en concreto —cuál era el problema, qué hiciste, qué cambió—;
  • Por qué esta empresa: qué te atrae de su producto, su equipo o su momento; aquí se nota si la carta está escrita para ellos o es una plantilla universal;
  • Cierre: breve y seguro —disponibilidad para una entrevista, agradecimiento por el tiempo y despedida cordial—.

Aperturas que no son clichés

La primera frase decide si se lee el resto. «Me dirijo a ustedes con motivo de la oferta publicada…» no es un error, pero es la misma frase con la que empiezan otras doscientas cartas ese mes. Una apertura moderna entra directa al contenido.

Tres enfoques que funcionan: empezar por el resultado («En mi último proyecto reduje un 30 % el tiempo de entrega de pedidos; me presento al puesto de responsable de operaciones porque quiero hacer lo mismo a mayor escala»), empezar por la conexión con la empresa («Llevo dos años usando vuestro producto y he visto de cerca lo que hace bien; por eso me interesa el puesto de soporte técnico») o empezar por el encaje evidente («Buscáis a alguien que haya montado un equipo de ventas desde cero; es exactamente lo que hice en mi última empresa»). Las tres dicen algo que solo tú puedes decir, y esa es la prueba de una buena apertura.

Extensión y tono

Media página, dos tercios como máximo: entre 250 y 350 palabras. No es una limitación sino una ventaja, porque la carta corta se lee entera y la larga se hojea en diagonal o se salta. Si la tuya llega a una página completa, recorta sin piedad: las frases genéricas sobre «entornos dinámicos» y «ganas de crecer» caen primero.

En cuanto al tono, en España el trato de «usted» sigue siendo la opción segura en procesos formales, pero muchas empresas —startups, tecnología, comunicación— escriben y esperan un tuteo natural. Fíjate en el tono de la propia oferta y de la web de la empresa y refléjalo: la fórmula ganadora es profesional pero cercana, sin rigidez notarial ni familiaridad forzada.

Los errores más frecuentes en las cartas de presentación

Antes de enviarla, comprueba que no has caído en ninguna de estas trampas:

  • Resumir el currículum: la carta complementa el CV, no lo duplica;
  • La misma carta para todas las empresas: la falta de personalización se nota en la primera línea;
  • Hablar solo de ti: muestra también qué aportas a la empresa, no solo qué esperas de ella;
  • Equivocarse con el nombre de la empresa o del puesto: el error más pequeño con el coste más alto;
  • Faltas de ortografía: en un texto de 300 palabras, cada errata pesa el doble;
  • Tono de disculpa: no pidas perdón por la experiencia que no tienes; destaca la que sí tienes.

Preguntas frecuentes

¿Es obligatoria la carta de presentación?

Solo cuando la oferta la pide: en ese caso, no incluirla juega claramente en tu contra. Cuando es opcional, una carta breve y bien escrita es una ventaja en puestos con competencia, mientras que una carta de plantilla es peor que ninguna.

¿Puedo usar la misma carta para varias candidaturas?

La base sí: la estructura y el párrafo con tu mejor resultado se reutilizan. Pero el párrafo de «por qué esta empresa» hay que reescribirlo para cada candidatura; es justo el que convierte la carta en presentación y no en trámite.

¿Cómo empiezo si no sé el nombre de la persona que selecciona?

Con «Estimados señores:» o «Estimado equipo de selección:» —siempre con dos puntos, no con coma— o, si el nombre aparece en la oferta o en LinkedIn, dirigiéndote a esa persona. Evita el arcaico «A quien corresponda»: mejor un saludo neutro al equipo que una fórmula de ventanilla.

¿Carta de presentación en papel o en el correo?

Hoy casi siempre en digital: como cuerpo del correo con el CV adjunto, como PDF aparte si la oferta lo pide así, o en el campo de mensaje del portal de empleo. El contenido y la estructura son los mismos en los tres casos; solo cambia el envoltorio.

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